⫷ La Cueva del Pirata ⫸
Dicen que, en el siglo XVI, anduvieron por la zona del Pacífico y el Mar de Cortés, muchos piratas que vivían robando a otros barcos en alta mar y escondían los tesoros saqueados en las costas de Los Cabos.
Entre todos éstos, había uno que era temido por su tripulación, ya que era extremadamente cruel y sanguinario.
Este capitán era muy rico, por lo que un día decidió esconder todo su tesoro en una cueva que estaba a orillas del océano, justamente en donde se unen los dos mares. Ese lugar queda en lo que actualmente se conoce como Cabo San Lucas, muy cerca del Arco de Los Cabos, y es conocido hoy como la Cueva del Pirata.
Entre él y algunos miembros de su tripulación bajaron allí todas las joyas, perlas, piedras preciosas, plata y oro. Después mandó cerrar la cueva y lanzó una maldición a quien se atreviera a entrar. Antes de subir al barco, mató a todos los que lo acompañaron para que nadie supiera la ubicación del tesoro.
Varios años después, el pirata murió mientras intentaba robar un barco. El secreto de su cueva pareció quedar en el olvido, hasta que un día una mujer llegó a esa cueva con su hijo, donde ella percibió que una voz la llamaba desde el interior.
Aunque sintió que no debía entrar, la curiosidad le ganó y se metió con mucho cuidado a esa gruta oscura. Jamás pensó en hallar riquezas nunca antes imaginadas.
Su miedo se mezclaba con la alegría de haber encontrado tanta fortuna, pero la entrada de la cueva comenzaba a cerrarse poco a poco. En ese silencio, sólo se escuchaban las olas del mar. Ella creyó haber escuchado una voz desde lo profundo del lugar, que decía:
—Toma ya todo lo que puedas y vete, porque la entrada se cerrará para siempre.
Ella se esforzó por llevar lo más posible: monedas antiguas, joyas y figuras talladas en marfil. Pero mientras más se demoraba, más se cerraba la cueva. Cuando por fin sintió que ya era suficiente, salió corriendo del lugar con sus manos llenas de riquezas.
Pero por pensar en la ambición y en huir de ahí, se olvidó del tesoro más importante que tenía y mientras gritaba:
—¡Mi hijo!
Se escuchó un ruido de piedras que caían dentro de la cueva, cerrándose para siempre su interior.
La Cueva del Pirata no se abrió más ni para esa mujer ni para nadie. Ella ya no pudo rescatar a quien más amaba, por su codicia. Mientras sus lágrimas caían, arrojó todas las cosas al mar y corrió hacia la entrada, pero por más que se esforzó, sólo logró arañarla.
Finalmente, casi desfallecida y sin dejar de llorar, alzó la vista y le pareció ver la cara de un niño, formada entre las rocas y sus sombras, que parecía sonreír.
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El Oso de la oscuridad 🐻


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